El cine es pura vida

Por: 

Equipo Editorial

Pablo Iraburu, ¿cinéfilo?. Documentalista

Lo siento mucho, pero no soy muy cinéfilo. Suena extraño, pero es así. Consumo mucha más literatura y fotografía que cine. Creo que el cine documental bebe de la realidad y dedico mucho más tiempo a ella que a ver películas. Eso sí, si tuviera que elegir a alguien que marcó mi forma de ver el cine, diría sin duda que Andrei Tarkovsky. Cuando era muy joven estuve unas dos semanas viendo toda su obra. Tuve la suerte de poder verla en proyección de 35 mm en una sala pequeña, una y dos películas al día. Y luego a pasear de noche para asimilar lo que había pasado. No he vuelto a ver algunas de esas películas, pero me cambiaron totalmente la forma de entender el cine. Eso tiene mucho que ver con el momento personal de cada uno. Creo que todos tenemos una película o un director que nos marcó. Gracias a dios, ninguno de ellos es indispensable.

No me gusta mucho volver a ver una película, por buena que esta sea. Hay demasiadas películas buenas como para repetirlas. Intento ver todos los días una buena película y seguir descubriendo cosas nuevas y sorprendentes, hay una cantidad de buen cine impresionante. En mi casa no tengo videoteca, pero sí estoy abonado a varias plataformas de video bajo de demanda que uso constantemente. Si tuviera que repetir muchas veces algo, creo que sería 4 elements, un documental no muy conocido, de Jiska Rikels. Es de las cosas más bonitas e intensas que he visto jamás.

Hay un plano de apenas dos segundos de “The Tree of Life”, de Terrence Malick, que se me quedó grabado para siempre. En una secuencia en la que él muestra el mundo visto desde los ojos de un niño, de repente una silla, de la que sólo vemos las patas, se desplaza como por arte de magia. Simplemente, alguien la ha movido con la mano, pero eso está fuera de campo. Es el plano más sencillo que uno pueda imaginar y, sin embargo, tiene una enorme carga poética. No hay efectos especiales ni trucos de ningún tipo. Me encanta porque es poesía/documental, la combinación para mí más perfecta que pueda dar el cine.

Hacer Cine es un trabajo. Me siento como cualquier otro trabajador, sea carpintero, pintor, mecánico o profesor. Tengo la inmensa suerte de que mi trabajo me encanta, me permite crear y conocer la realidad de una manera muy intensa. Además, vivo de ello. Por otro lado, no sé hacer otra cosa. A menudo me planteo dejarlo, sobre todo cuando paso temporadas largas lejos de mis hijas o cuando estoy angustiado en medio del proceso creativo. Pero no tengo escapatoria, es mi vocación para lo bueno y para lo malo.

Hacer documentales te enseña que la realidad supera siempre las expectativas, así que intento estar con los ojos muy abiertos a todo lo que me rodea para dejarme sorprender, aprender y disfrutar. Eso te permite acercarte a lo que todos tenemos en común, seamos de donde seamos. Viajar y encontrarse con otras personas te reconcilia con el ser humano. Además, descubrir un lugar nuevo es uno de los mayores placeres de esta vida.

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