Kureishi en Cartagena: tras los pasos del escritor de los suburbios

Por: 

Andrés Felipe Torres B. - andres.torres@fundacionepm.org.co

¿Cómo se forman los escritores, de dónde salen los autores que leemos, cómo viven realmente en su vida de artistas, qué los caracteriza?  En la Red de Bibliotecas aprovechamos el Hay Festival 2016 en Cartagena y seguimos los pasos de Hanif Kureishi, uno de los escritores de habla inglesa más importantes de nuestro tiempo. Esto descubrimos.

 
Cuando uno está en La Heroica, tan cerca de los autores, se encuentra cara a cara con las ideas y la palabra.  Unos más polifacéticos a la hora de escribir, otros sólo en su materia, bien sea economía, filosofía, historia, narrativa, cine, música o poesía.  En las calles, los restaurantes, las universidades o en grandes auditorios, los encontramos, los podemos ver pasar y venir, de un lado para otro, como en un videojuego y nosotros al acecho para hacer una buena toma, agarrar una palabras o autografiar el libro que compramos.
 
Leer a Kureishi nos obliga a recordar 'El buda de los suburbios', novela con la que ganó el Premio Whitbread al inicio de la década de los noventas y en la que logra relatar temas como la juventud, la inmigración y el rock n’ roll en el Londres de los años setentas.  Pero también podemos mencionar otra media docena de novelas, la más reciente, publicada por Anagrama en 2014, 'La última palabra', retrata aspectos de la vida de un escritor en decadencia y los particularidades de su vida amorosa.  Y así varía en los temas de sus obras: juventud, rock, fundamentalismo y la toma de decisiones, el cine, relaciones entre humanos siempre complejas.  
 
Pero de la biografía de Hanif sólo sabíamos que es de origen pakistaní y que ha vivido siempre en Inglaterra. Y las contraportadas de sus libros dicen que estudió filosofía en el King’s College de Londres.
 
Mi hermosa lavandería: Homosexualidad e inmigración.
 
Kureishi el guionista, director de cine y dramaturgo pasó por Cartagena y llenó el Teatro Heredia, un recinto con capacidad para más de seiscientas personas, patrimonio cultural, tal vez una de la más bellas obras arquitectónicas que haya visto nuestro país y uno de los escenarios centrales del Hay Festival. Era viernes en la mañana y el calor parecía volverse insoportable... pero rápidamente el ambiente se refrescó con sus palabras.
 
 
El título de la primera película de Kureishi como guionista, 'My beautiful laundrette', dirigida por Stephen Frears, trató abiertamente el tema de la homosexualidad en la década de los ochenta y la situación de los inmigrantes en Inglaterra.  “Yo decidí en el guión mostrar a dos amigos hombres que van a la lavandería y se besan. Cuando se besaron también me sentí un poco incómodo, pero luego me pareció que esa toma iba a transmitir mucho. Pensé: esa es la tarea que me corresponde. La idea era sacudirme yo un poco y sacudirlos a ustedes. Eso es lo que hacemos los escritores, algo se nos ocurre, tenemos una idea y se la pasamos a los lectores y los espectadores”.
 
Kureishi, un hombre de 62 años que empezó a escribir desde los 12, recuerda:  “Mi padre quería ser novelista y escribía a máquina, es un recuerdo que tengo vivo de la niñez.  Pero mi padre nunca publicó. En cambio me hablaba de los libros que leía y sobre cómo escribir sobre la narración y los personajes, cómo escribir una historia”.  Es evidente que ya desde sus primeros años estaba formándose para lo que es hoy, uno de los más grandes escritores en lengua inglesa, traducido a varios idiomas.  
 
Una época contada: Bowie, el rock y los demás
 
Kureishi se cruza de brazos, piensa en algo, se rasca la nariz, mira al público que lo escucha atento y suelta su discurso:
 
“Nosotros estamos allí como escritores para entretener, para prestar un servicio al público.  Me gusta pensar que soy un escritor humorístico.  Estuve en la escuela en los años sesenta y me di cuenta que la Gran Bretaña estaba cambiando de ser un país imperialista y monocultural a esa mezcla multicultural que hoy existe. Yo me dí cuenta de que nadie escribía sobre el racismo y la inmigración, entonces empecé a escribir lo que se convirtió en la novela 'El buda de los suburbios'.”
Kureishi, en sus primeros tiempos. Foto: The Telegraph.
 
 
Charlie Hero, uno de los personajes de la novela en mención resulta ser inspirado en Billy Idol, el mítico cantante de punk rock de los años ochentas.  Kureishi retrata el Londres de aquella época muy bien y comenta: “Aunque David Bowie asistió a la misma escuela que yo, él era diez años mayor, pero lo admirábamos. Charlie Hero es la imagen de lo que nosotros vivíamos en aquella época”.
 
Cada vez que Kureishi habla uno no puede evitar recordar esos tiempos de adolescencia cuando escuchábamos con emotividad y ganas de baile ‘Dancing with myself’ de Billy Idol o ‘Modern Love’ de Bowie.  Casi recuerdo los años de colegio cuando grabábamos en casetes lo que sonaba en la emisora. Una época en que la identidad iba acorde a los peinados raros de los cantantes y su imagen ‘punkie’.
 
“Yo me identifico con todo lo que Bowie decía y me identifico con que la imagen de David Bowie producía sorpresas y todos los que lo conocían lo saben.  Finalmente Bowie no era gay, le encantaban las mujeres y tener relaciones con ellas. Él encontró una nueva manera de seguir adelante, entendió muy bien lo que era el pop, es una de las primeras estrellas del pop en entender muy bien el capitalismo.  Nos mostró que había un mundo más grande allí afuera. Utilizó el capitalismo para decir que uno debe cambiar y tenía que utilizar la publicidad y el mercado”
 
“Un día fui para ver si Bowie nos daba los derechos de sus canciones para una serie de televisión, 'Buddha of Suburbia', que yo había escrito y dirigía Roger Michell. Fuimos hasta Suiza a verlo y logramos que hiciera el soundtrack porque confesó que estaba muy aburrido de no hacer nada en Suiza.  Era muy difícil hablarle a Bowie y decirle cómo hacer su música.  Era una persona muy seria en su trabajo. Creo que Bowie crecerá más con el paso de los años, hizo tanta música, tenía tantas cosas, tantas habilidades, es un legado increíble, inmenso. Era muy británico”.
 
Kureishi habla de su época, de ser escritor, de la época dorada del rock en Inglaterra, del islamismo y la política actual. Cuando habla parece de mal humor, pero cada vez que hace un flashback a los suburbios setenteros de Londres, una sonrisa se pronuncia y ya sabemos que contará otra anécdota que dará más pistas sobre su vida.
 
Kureishi junto al director Stephen Frears. Foto: The Guardian.
 
“Aunque a veces se puede tener mucho talento no es tan fácil sentarse a escribir una novela. Toma mucho tiempo ser artista y uno tarda mucho en desarrollar el talento y en ese proceso se cometen muchos errores”
 
Pero los autores se forman y experimentan otros estados.  Estar en el Festival o en cualquier otro evento público requiere sabiduría, estar preparado para contestar preguntas del presentador y del público, ser preciso y claro en sus respuestas, poner un poco de picante a sus pensamientos, usar la ironía y la simpatía como ingredientes de una buena charla.  Tal vez esto se gane con el hábito de la lectura y se represente en la escritura.  Ser buen lector es la primera característica.
 
“Yo crecí en los años sesenta y setenta y había una gran explosión de música, sobre todo de rock n´roll. Yo vivía en los suburbios, cerca a la ciudad. Decidí ser escritor de novelas después de hacer guiones, luego hice cuento y ensayo.  Leí a Shakespeare, Philip Roth, Jack Kerouac y Charles Dickens, entre otros.  En los suburbios la vida era muy aburrida, lo único que le salvaba la vida a los chicos era la música”.  
 
El autor confiesa que no es bueno alinearse siempre con la cultura de una sociedad, que es bueno desafiar al sistema y protestar para entender los límites que tenemos.  Muestra una mirada seria, un poco tosca, pero contundente con sus ideas.
 
“Soy un gran amante del escepticismo, de la desobediencia, de la controversia, de argüir en contra.  Tenemos necesidad de cuestionarnos.  El liberalismo es lo mejor que tenemos porque se revisa a sí mismo, se va modificando y no es una doctrina final”.
 
Kureishi firma una decena de libros al terminar su conversatorio.  Los autores tienen que estar dispuestos a eso, firmar autógrafos, conceder entrevistas, contestar preguntas, ser fotografiados y hablar de diferentes aspectos de la vida.  
 
 
Confiesa también que ha conocido la ciudad, ha nadado en la piscina del hotel y ha salido a comer y recorrer “La Amurallada”.  Le gusta el sol, ya que en su país poco lo puede disfrutar.  Viste de traje negro un día y al otro pantalones cortos, camiseta blanca y lentes oscuros. Un escritor liberal que desde los años ochenta puso al mundo a leer y ver temas de homosexulidad, de inmigrantes y de rock and roll con otros ojos, con los ojos de una generación de la que nadie hablaba.  
 
Lo vemos pasar por la Plaza de San Diego, camina rápido en medio de varios acompañantes.  Muchos tratan de hablar con él pero el afán no deja.  
 
En el corredor del hotel saluda a varios escritores sentados en el pasillo.  Una sonrisa y el día termina.
 
La cara de agotamiento del señor Hanif nos indica que el día va terminando.  
 
La plaza de San Diego está fresca. El olor a costa me envuelve de nuevo en esas calles angostas y esas fachadas coloridas.  Por las plazas se huele la cultura y en los visitantes la multicultura.   Aún suenan en mi cabeza las palabras de Kureishi, su pensamiento liberal, su visión de la política mundial, la crítica a las intervenciones de los países aliados en medio oriente, la necesidad de la denuncia y la protesta. 
 
“Necesitamos periodistas y escritores que nos hablen sobre la situación compleja que estamos viviendo en Oriente y generar debate.   La libertad debería interesarnos mucho más que la tiranía”.
 
 
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