Las esculturas hechas con zapatos y ollas que se encuentran en la Biblioteca Pública Piloto, cuentan también la historia de su creador el artista antioqueño Juan Carlos Estrada.
Relatos de zapatos y ollas
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Venía por un camino de herradura una bota pantanera arriando una recua de mulas y justo entrando a la carretera se encontró con una bota de guerra. La bota se asustó y quiso huir, no fue así. A sangre fría la bota de guerra la mató.
El zapato de charol del pueblo se preguntaba por qué, la pantufla decía ¿serían éstos o aquellos? Pero el dolor del tacón, el zapatico y las sandalitas lloraban porque jamás volvieron a ver su bota pantanera.
Y las chanclas, los tenis, los tacones, y todos los zapatos reíamos porque no sabíamos de la muerte de una bota.
Juan Carlos Estrada
El “Taller escultórico ambiental” de Juan Carlos Estrada alberga tal cantidad de figuras que no bastaría una tarde completa para apreciarlas. Precisamente cada una de ellas va narrando historias que su creador ayuda a parir a través de la palabra hablada y escrita. Toros, figuras de hombres y mujeres, niños, imágenes religiosas y hasta objetos curiosos llenan el taller al que tanto Juan Carlos como su esposa Liliana le dedican todo su tiempo; la creación escultórica es para ellos su vida, su sustento, su manera de anclarse en esta vida que para algunos resulta ser tan efímera.
Juan Carlos Estrada Puerta es un hombre tranquilo y apacible, con unos ojos vivaces que a sus 52 años de vida resultan casi infantiles, de sencillo vestir y dispuesto completamente para su creación artística. Resulta una tarea dispendiosa atrapar unas cuantas palabras de él para conformar lo que se llamaría una entrevista, en su conversación va entretejiendo las historias de su obra, va y viene como la marea y aunque sabe bien cuál es el hilo del diálogo no deja de esculpir y de crear a través de su palabra.
Relatos de zapatos y ollas
Juan Carlos relata cómo vivió varios años en Alejandría-Antioquia dedicado a su trabajo como escultor y a ver crecer a su familia, lo acompañaban su esposa y sus dos pequeños hijos. La violencia los obligó a salir de aquel amado lugar donde convivían con un medio natural que les prodigaba bienestar, abundancia y mucho silencio para dedicarse a crear. Debido a la violencia rural que vive el país, se vieron obligados a devolverse para Medellín y continuar con su labor, lejos del terror.
El primero en regresar fue Juan Carlos, en el trayecto del bus que lo traería de nuevo a Medellín, un episodio trágico marcaría su vida artística. “…se sube al bus un individuo de gafas hipies como las que usaba John Lennon…me hacen el favor y se bajan del bus, traigan bolsos y maletines que es una requisa…” y continúa el relato “…yo estaba al lado del que entregaba, él mira la libreta militar con el oficio de jornalero y murmura –dizque jornalero este hijueputa- Era el lustrabotas del pueblo, un mono cordial de risa simpática y su cajita de lustrabotas llena de la virgen del Carmen. El mono estaba acuclillado y se dirige a él un ángel de la muerte… le habla al oído y lo lleva para el frente de todos los que nos bajamos del bus, menos el conductor, y lo matan vilmente delante de todos, es indescriptible, rezaba para que no nos mataran a varios. Y ahora súbasen hijueputas y se quedan callados”. Ahí nace Relatos de zapatos y ollas hace ya 10 años.
Todos los zapatos de la exposición los recogió Juan Carlos de las calles de la Comuna 13, constituyen un testimonio de su historia y la crítica situación social que ha vivido el lugar.
Un mensaje ambiental
Para Juan Carlos Estrada, el zapato tiene una huella, el zapato no se amolda, se parece al hombre pues éste nos revela su entorno, su carácter, su edad, su estrato, su género, su oficio, entre otros. En él hay más de 4.000 años, por esto la obra se vuelve mensajera escultórica ambiental para todo el planeta. “En las esculturas tenemos vidrio que dura hasta 4.000 años para degradarse, el plástico son 1.000 años, los componentes del zapato duran 200 años para degradarse… lo que hacemos es un aporte ambiental de la utilización de la técnica, le quitamos carga contaminante al planeta”, asegura Estrada.
La base de las esculturas es el cartón piedra, elaborado con material reciclado de las fábricas de cartón. Según Juan Carlos, la base cartón piedra es utilizada desde el siglo XVII cuando lo comenzaron a sacar del trapo y se convertía en un material muy preciado por los artistas de ese tiempo.
Para el escultor, el diálogo entre el zapato y la olla comenzó hace por lo menos tres años, fusionó estos dos objetos en las obras: “es una fusión entre la escuela clásica figurativa y la escuela moderna. Un objeto cotidiano se vuelve protagonista y mensajero. Están en planeación unas quince obras sobre ollas, todas fusionadas con zapatos”, comenta Juan Carlos mientras toma en sus manos una de sus obras: un pequeño zapatito de bebé que le regaló un amigo de su hija que había muerto.
Relato
"El aroma de comida y leña se sienten desde el río. Son los calderos, peroles y ollas cocinando el trabajo de las botas pantaneras. En la cocina, de ricos aromas y huevos criollos y todas las delicias del campo. La felicidad de los zapatos y ollas es el pan de cada día. Pero una no de brillante como un diamante el miedo los cosecho y tuvieron que correr, correr y correr.
Regando por el camino la huerta quedaría poco habían acechado".
La primera exposición de Relatos de zapatos y ollas se realizó en la Institución Fe y Culturas y de allí continuó su itinerancia en Metro Cable San Javier, Estación del Metro Itagüí, Estación del Metro Suramericana, Instituto Tecnológico Metropolitano ITM, y actualmente se encuentra en la Biblioteca Pública Piloto hasta el sábado 8 de mayo.