Como "elegante e inspirador", describió el actor Diego León Hoyos, el Parque Biblioteca Belén.
Diego León Hoyos, es un actor bogotano de familia paisa nacido el 8 de febrero de 1956. Desde niño, se divertía con las películas del teatro Cádiz, y de ahí nació su sueño de ser director.
Estudió comunicación social en la Tadeo porque era lo más parecido a la dirección. Fundó el cine club universitario y el Cine Club de Bogotá. Se convirtió en cronista de cine para las revistas Alternativa y Cromos y el periódico El Espectador, fue jefe de redacción de la revista de Focine y profesor en la Universidad de América, la Pedagógica y la Tadeo.
En la época de oro de Focine dirigió y escribió guiones para cortos de sobreprecio. Después de realizar un curso de actuación con Sebastián Ospina, aceptó, en 1980, la oferta de Kepa Amuchástegui para actuar en Ronsencrantz y Guil-destern han muerto, y descubrió que tenía talento para la actuación, así que se metió en cuanto taller pudo. Dirigió para televisión Tremenda pareja y cincuenta capítulos de La posada, y en teatro El zoológico de cristal. Desde que actuó en la pantalla en La vida de Rafael Reyes y El Coleccionista, no ha parado.
Este bohemio y talentoso actor estuvo el viernes 18 de marzo visitándonos y realizando un recorrido extenso por diferentes lugares representativos de Medellín; teniendo como guía un paisa llamado Daniel Vásquez, que se dedicó todo el día a acompañarlo y explicarle con claridad porque Moravia, El Museo Cementerio de San Pedro Medellín y el Parque Biblioteca Belén son tan importantes para toda la comunidad medellinense.
Dijo que una de las visitas que más disfrutó fue el recorrido por el Parque Biblioteca Belén, donde se le vio haciendo una observación atenta de los espacios y de las personas que se encontraban presentes en el lugar.
Terminado el recorrido por el Parque Biblioteca expresó:"Esto es maravilloso. Sólo con entrar sientes como que se te arruga el corazón. La sencillez y la belleza en un mismo lugar, siento hasta ganas de llorar. Esto de verdad, es emocionante, es esperanzador, mientras miraba a la gente que estaba en el prado cerca de la Av. 80 y a los niños de la Red de Bandas que ensayaban.
Es maravilloso en todos sus detalles, la luz, las líneas, el color, los materiales, las puertas y ese espejo de agua que invita a la reflexión. Precioso y con ese toque de la cultura japonesa. Sobrio, con todo lo necesario, sin ínfulas arquitectónicas, elegante e inspirador”, concluyó.