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Moravia ha sido un barrio consentido en los últimos años. Una enorme deuda social que el estado tenía con los habitantes de un sector que ha vivido arrinconado, luchando por su supervivencia en medio de una ciudad en continuo crecimiento económico, cultural e industrial, comenzó a ser saldada cuando gobernantes locales se dieron cuenta del potencial del norte de Medellín y de las necesidades y carencias de sus habitantes. Esta zona se conoce hoy como el Nuevo Norte y tiene en su inventario un Carabobo renovado en el que el peatón es protagonista, un Jardín Botánico más amable, un Parque Norte más seguro, el Parque Explora y el Parque de los Deseos.

Al lado de este equipamiento urbano ha renacido un barrio que se construyó sobre un basurero. Moravia, por muchos años, fue referente de suciedad, malos olores, gallinazos y pobreza extrema, una pobreza que estaba representada, incluso, en hombres que buscaban su propia comida en las toneladas de basura que eran depositadas en el morro central del barrio, un lugar que también hoy se encuentra en vías de recuperación. Y luego llegó la violencia, la misma de todo Medellín, pero que en Moravia, tal vez por ser el barrio con mayor densidad demográfica de la ciudad, se sintió con más fuerza.

Hoy, tras cuatro años de trabajo continuo y en diferentes frentes, en Moravia se respira distinto. El olor a basura no es el que sobresale, las calles alrededor de la quebrada La Bermejala son seguras e iluminadas, los niños y los jóvenes tienen espacios propios y se han adecuado espacios comunes para todos sus habitantes.


Y ahora Moravia tiene un nuevo espacio para la cultura


Medellín fue la ciudad en la que el Maestro Rogelio Salmona, destacado arquitecto colombiano, reconocido en Latinoamérica y Europa, dejó su última obra. Salmona falleció en octubre de 2007, mes para el que se tenía prevista la inauguración del Centro, pero la muerte del maestro, que fue una pérdida para el país entero, representó también dificultades en la ejecución de la obra.

Pero el 24 de mayo, la comunidad de Moravia y la ciudadanía conocieron el Centro de Desarrollo Cultural, ubicado en un área que anteriormente fue habitada por familias enteras, ellos se desplazaron a otros sectores del barrio y cedieron las manzanas 53 y 54 para que allí se construyera el centro. Y a ellos se rindió homenaje en un acto simbólico al que llamaron La casa de todos.

Fue precisamente una casa la que se construyó en el patio central del Centro de Desarrollo Cultural, sus paredes de acrílico tenían impresos los nombres de las personas que una vez vivieron en esos predios. Luis Ángel Naranjo, Blanca Saldarriaga, María Georgina Chancí, Ricardo Orozco, Aida Betti Santamaría y Mariano García Joya son algunos de los nombres que se leen en un pendón y en  los acrílicos de la casa en la que todos dejaron su corazón.

Cientos de personas llegaron a Moravia, al Centro de Desarrollo Cultural, con su corazón en la mano. Eran corazones de colores, rellenos de materiales reciclables, corazones que fueron llenando las paredes de la casa de cristal que simbolizó “La casa de todos”, que es en lo que se ha convertido el Centro de Desarrollo Cultural de Moravia.

El Alcalde de Medellín, Alonso Salazar Jaramillo, en compañía del Secretario de Cultura, Jorge Melguizo; el presidente del Concejo, Federico Gutiérrez y la esposa del arquitecto Rogelio Salmona, María Elvira Madriñán, hicieron parte de la mesa principal que inauguró el Centro de Desarrollo Cultural. Todos ellos manifestaron su aprecio por esta comunidad y su satisfacción y orgullo por la finalización de esta obra que traerá grandes beneficios para la ciudad.

“Todos tendrán que venir a Moravia”, afirma Jorge Melguizo. Una de las razones es su auditorio, con capacidad para 370 personas y la acústica ideal para un evento de gran calidad. En la inauguración, se presentó la Banda de la Escuela de Música de Moravia, que hasta ese día ensayó en una casa de dos pisos, en El Bosque, la zona más comercial de este barrio. Por la estrechez de las aceras, el ruido de los carros y el ritmo acelerado, este no era el lugar ideal para la banda. Pero ahí estuvo, y logró salir adelante. Como recompensa, estos niños y jóvenes, talentosos todos, cuentan con 25 cubículos insonorizados, para ensayos y capacitaciones. Una infraestructura que no tiene ninguna de las bandas de la Red de Escuelas y Bandas de Música de Medellín.

Tras ese sonido impecable que se escuchaba en el nuevo auditorio, afuera, los niños gritaban, preguntaban, corrían, no sabían en qué salón quedarse; por el exceso de oferta, al que no están acostumbrados, querían “ir a internet”, entrar en la ludoteca, pasar por el salón de danza y bailar frente a los espejos. Todo era nuevo, todo les asombraba y ese primer día fue para ellos inolvidable.

El barrio que un día fue sinónimo de basura hoy significa cultura, pues no cabe duda de que uno de los más importantes espacios culturales de la ciudad lo tiene hoy Moravia. El centro es operado por Comfenalco, y la Red Cultural de Moravia tiene allí su cuota de participación.

La red la conforma un grupo de habitantes del barrio que, en compañía de la Secretaría de Cultura Ciudadana, se ha ocupado de recuperar y preservar la memoria cultural de Moravia. Esa memoria tiene también su espacio en el Centro de Desarrollo Cultural, ejemplo de ello son las exposiciones El mundo en un tarro de galletas, fotografías tomadas por los niños de Moravia y La Piel del Morro, de la artista plástica Natalia Echeverri. En el segundo piso, quedó ubicado el Centro de Memoria Barrial, un espacio permanente para la historia de este barrio.

Esta obra, como todas las que las dos últimas administraciones municipales han inaugurado en Moravia, es un aporte más a la dignificación de un sector que por años vivió de espaldas a la ciudad, a pesar de encontrarse a diez minutos del centro de Medellín, cerca de lugares tan importantes como la terminal de transportes o la Universidad de Antioquia y al borde de una de las principales vías de la ciudad. De la misma manera, con proyectos como este, se le apuesta a la transformación social y a la inclusión, pues se ha creado un espacio de ciudad para que se encuentren y dialoguen allí esas expresiones que hacen de Medellín una ciudad diversa, característica que se evidencia, sobre todo, en el desarrollo de nuestra cultura.  

Centro de Desarrollo Cultural de Moravia
Teléfono: 511 3860

 

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