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50 años del Nadaísmo “Las bodas sin oro”

Este movimiento que inició en 1958, aún tiene mucho por decir en sus 50 primeros años. Algunos nadaístas continúan escribiendo su obra y estarán en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.

Gonzalo Arango. Imagen tomada del libro Obra Negra, Plaza y Janés Editores…”Pues bien: no se hagan ilusiones, pierdan la fe, pierdan la fe en el Nadaísmo. No tenemos soluciones adecuadas para nada. Nosotros no tratamos el Espíritu como un baratillo de la inteligencia para vender a los colombianos felicidad y esperanzas a precios de quema”
Gonzalo Arango

Con la aparición del Manifiesto Nadaísta en 1958, publicado en un folleto de 42 páginas, se dio inicio a lo que sería el movimiento de mayor impacto literario, y social, no solamente en Colombia, sino también en Latinoamérica. Más que con una propuesta, los nadaístas, en cabeza de Gonzalo Arango, llegaron a perturbar el orden establecido, a provocar ese malestar cultural que escandalizaría e incomodaría a más de un provinciano de mediados del siglo XX.

En su manifiesto explicaba lo que constituiría esta lucha, que apartándose en un comienzo de lo político, atravesaría diferentes aspectos de la vida colombiana: “la lucha será desigual considerando el poder concentrado de que disponen nuestros enemigos: la economía del país, las universidades, la prensa y demás vehículos de expresión del pensamiento. Y además, la deprimente ignorancia del pueblo colombiano y su reverente credulidad a los mitos que lo sumen en un lastimoso oscurantismo (…). Ante empresa de tan grandes proporciones, renunciamos a destruir el orden establecido. Somos impotentes. La aspiración fundamental del nadaísmo es desacreditar ese orden”. Gonzalo Arango. Manifiesto Nadaísta, 1958.

Vanguardia a la colombiana

El movimiento intelectual estuvo influenciado por corrientes de pensamiento como el Surrealismo y el Dadaísmo a través de diferentes autores y artistas de otras latitudes. Pero en Colombia, mucho antes de la aparición del fundacional Manifiesto Nadaísta del 58, se gestó, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, otro grupo de jóvenes, capitaneados por el también reconocido poeta Julio Flórez, iniciaron un movimiento, denominado Nadaísta por algunos críticos, llamado la Gruta Simbólica, originado en y a  partir de la Guerra de los Mil días.

Dedicados a escandalizar  a la conservadora sociedad capitalina de la época: hacían fiestas de disfraces, donde improvisaban sonetos alejandrinos y luego recorrían borrachos las calles de la capital, para terminar en los cementerios donde invocaban a los malos espíritus; el lugar escogido para sus encuentros y tertulias fue la casa del también hombre de letras Rafael Espinosa Guzmán, donde el grupo permanecía hasta el amanecer durante el toque de queda. La Gruta Simbólica se burló de los gramáticos y filólogos y cuestionó el orden impuesto. Lo que vino a hacer el Nadaísmo de Arango, fue recordarle al país que en cincuenta años nada había cambiado.

Una generación crítica

Eduardo Escobar, Eduardo Zalamea, Juan Manuel Roca, Jotamario y Darío Lemos. Tomada de www.ciudadviva.gov.co Una generación frustrada en un medio social inclemente con la diferencia, con las manifestaciones artísticas y sobre todo con la oposición, cualquiera que ésta sea, fue la que hizo nacer el Nadaísmo en este grupo de finales de la década de 1950. Críticas abiertas y sin mojigaterías contra la iglesia católica, contra el Estado -de miseria- del país, contra la politiquería, contra las formas convencionales…contra todo y contra nada, fueron las que propiciaron y promulgaron en su poesía los nadaístas de esos días. Entre los nadaístas que acompañaron con su literatura y argumentos a Gonzalo Arango están: Jotamario Arbeláez, Jaime Jaramillo Escobar, Darío Lemos, Eduardo Escobar, Eduardo Zalamea, Elmo Valencia, Amílkar Osorio, entre otros que, nacidos más o menos 20 años antes del nacimiento del movimiento, enfrentaron, algunos hasta hoy, a la sociedad colombiana con sus voraces, cortantes y duros versos llenos de una poesía que, desde ese momento es irrenunciable a la hora de hablar de corrientes y orígenes de la poesía contemporánea en la Colombia del siglo XX y en adelante hasta nuestros días.

…”Si todavía existimos y pesamos en la cultura es por dos razones: porque tenemos razón a pesar de estar locos, y porque nuestra locura es de mejor calidad estética y revolucionaria que las razones de los cuerdos y demás revolucionarios. Por eso seguimos en “la onda” recuperando la vieja sintonía y conquistando la nueva, compaginando cada vez más el arte con la vida, la literatura con la revolución social, en un compromiso radical del escritor con su tiempo”.
Gonzalo Arango. Marasmo, Café y Confusión.

Con su tono radical que habla de imágenes surrealistas, noches de bohemia y sexo, estados mentales y demás relatos íntimos, a la vez, el Nadaísmo le ha entregado a la humanidad hermosas páginas llenas de versos amorosos, versos llenos de alegría creadora y de reafirmación de la existencia, aún en las circunstancias más adversas, como las que pasaron la mayoría de estos poetas con cara de malditos, como ellos mismos lo expresaron. El mismo Gonzalo Arango dejó varias páginas de sus reconocidos Reportajes y otras tantas de sus novelas.

Bodas sin oro

En sus 25 años de existencia, el Nadaísmo recorrió el mundo en la voz de Jotamario, llegó a muchos países europeos en distintos idiomas, recorrió embajadas y prestigiosos escenarios.

Hoy, en sus 50 años, un merecido homenaje para un movimiento literario e intelectual, que muy a pesar de sus opositores y detractores, aún pervive y atraviesa las fibras más íntimas de la literatura en Colombia y el mundo. Que sea de paso un homenaje a su creador y “santo” Gonzalo Arango, quien el 25 de septiembre lleva ya 32 años en la eternidad. O más bien, en palabras del maestro de Otraparte, quien fuera su amigo y defensor acérrimo del Nadaísmo: …”Luego, un domingo, se me apareció en un café de Envigado, y lo reconocí y fue como si me hubiera llegado yo mismo a mí con los ojos asustados y atisbadores de mis 27 años. Fue una fiesta en mi largísimo viaje que ni el ojo vio ni el oído oyó y nadie podrá ya borrar ese encuentro”.

 

*Escucha un fragmento de
"Medellín a solas contigo"
de Gonzalo Arango

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