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Sobre contestadores telefónicos y epitafios
 
En la pasada feria del libro de Bogotá, me encontré con un curioso y pequeño libro que la revista El Malpensante estaba regalando a sus suscriptores.
 
El libro en cuestión se llama Al pie de la letra de John Galán Casanova y en él quisiera compartir con los desocupados lectores los siguientes textos:
 
Sobre los contestadores telefónicos
 
Mi amiga N. gastó su última quincena
en un contestador telefónico.
 
Le hizo un lugar en una repisa
y lo instaló
luego de traducir con dificultad
el manual de instrucciones.
 
A los cinco días
llamó deprimida a contarme
que no había recibido llamada alguna.
 
Hace un segundo volvió a llamar,
esta vez quejándose de un maniático
que insiste en dejarle mensajes obscenos.
 
¡Cómo serás de desagradecida! –le he dicho.
El maniático soy yo,
Con un pañuelo en la bocina,
que llamo para hacerte compañía.
 
 John Galán Casanova.    
 
 
El inmortal
 
Soñé mi epitafio.
No tenía lápida
ni tumba.
 
Era una simple nota
pegada con cinta
y decía:
 
Estoy en la biblioteca.
 
   John Galán Casanova.        
Diesciséis consejos
 
A mis manos llegó este texto que me pareció estupendo, no solo porque se le atribuye a Borges, sino por su contenido mismo, una irónica lista acerca de lo que el escritor nunca debe poner en sus libros. No les adelanto más, compruébenlo ustedes mismos.
 
En la literatura es preciso evitar:

1. Las interpretaciones demasiado inconformistas de obras o personajes famosos. Por ejemplo, describir la misoginia de Don Juan, etc…
2. Las parejas de personajes groseramente disímiles o contradictorios, como por ejemplo, Don Quijote y Sancho Panza, Sherlock Holmes y Watson.
3. La costumbre de caracterizar a sus personajes por sus manías como hace, por ejemplo, Dickens.
4. En el desarrollo de la trama, el recurso a juegos extravagantes con el tiempo o con el espacio, como hacen Faulkner, Borges y Bioy Casares.
5. En las poesías, situaciones o personajes con los que pueda identificarse el lector.
6. Los personajes susceptibles de convertirse en mitos.
7. Las frases, las escenas intencionadamente ligadas a determinado lugar o a determinada época; o sea, el ambiente local.
8. La enumeración caótica.
9. Las metáforas, en general, y en particular, las metáforas visuales. Más concretamente aún las metáforas agrícolas, navales o bancarias. Ejemplo absolutamente desaconsejable: Proust.
10. El antropomorfismo.
11. La confección de novelas cuya trama argumental recuerde la de otro libro. Por ejemplo, el Ulises de Joyce y la Odisea de Homero.
12. Escribir libros que parezcan menús, álbumes, itinerarios o conciertos.
13. Todo aquello que pueda ser ilustrado. Todo lo que pueda sugerir la idea de ser convertido en una película.
14. En los ensayos críticos, toda referencia histórica o biográfica. Evitar siempre las alusiones a la personalidad o a la vida privada de los autores estudiados. Sobre todo el psicoanálisis.
15. Las escenas domésticas en las escenas policíacas; Las escenas dramáticas en los diálogos filosóficos. Y, en fin:
16. Evitar la vanidad, la  modestia, la pederastia, la ausencia de pederastia, el suicidio.
 
JORGE LUIS BORGES.
Tomado de la revista Desde la Biblioteca. ITM, (N° 34,Ene-Mar 2008), p. 53-54
Minicuentos de Colombia y México
 
La brevedad de los minicuentos, también llamados minificciones y microrelatos, los convierten en creaciones literarias interesantes por su estructura, temáticas, contenidos y teorías que se esgrimen en torno a ellos.
 
Comencemos por Luis Vidales, escritor colombiano considerado como el fundador de la minificción en Colombia, para después pasar a México con un minicuento de Mónica Lavín.
 
 
LA SUPER- CIENCIA

Por medio de los microscopios
Los microbios
Observan a los sabios.
 
Luis Vidales
Colombia.
 
Tomado de: La minificción en Colombia. Henry González. Universidad Pedagógica Nacional. Bogotá: 2002; p.33
 
 
 
MOTIVO LITERARIO

Le escribió tantos versos, cuentos, canciones y hasta novelas que una noche, al buscar con ardor su cuerpo tibio, no encontró más que una hoja de papel entre las sábanas.
 
Mónica Lavín
México.
 
Tomado de: La minificción en México: 50 textos breves. Lauro Zavala. Bogotá, Universidad Pedagógica Nacional, 2002; p. 56
 

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