Los libros usados también tuvieron su oportunidad en la tercera versión de la Fiesta del Libro y la Cultura.
A orillas del río Sena se ha sostenido por años la venta ambulante de libros de segunda, en especial de aquellos que toman un gran valor por su antigüedad. Los kioscos de libros en la rivera del río representan ya una de las imágenes románticas típicas de Paris y sin la cual esta ciudad no sería la misma. La importancia que se le ha dado a esta tradición es tal que los vendedores no pagan impuestos por tener sus puntos de venta y el único compromiso que tienen con el gobierno es estar presentes en la feria por lo menos 4 días de la semana. En otras ciudades como Buenos Aires los libros usados también se han tomado ferias en donde se encuentran obras prácticamente inhallables.
Aunque a veces algunas editoriales y grandes librerías han mirado por encima del hombro a los vendedores de libros usados en Medellín, éstos últimos también se ganaron un espacio en la Fiesta del Libro y la Cultura para compartir con los amantes de la lectura todas esas herencias bibliográficas que muchas veces se pierden en el olvido y no tienen la oportunidad de volver a ser leídas.
Libros que son desechados por algunas generaciones, que simplemente los negocian o bien los tiran a la basura, terminan en estos lugares que se encargan de mantenerlos con vida, según afirma Darío Usuga del Centro Comercial del Libro y la Cultura que por primera vez logró tener un stand en la Fiesta del Libro y hacerse un espacio al lado de otras librerías de segunda reconocidas como lo es Palinuro.
A este tipo de lugares seguirán llegando los amantes de la lectura que buscan libros que no se encuentran tan facilmente, como las obras completas de Oscar Wilde, Federico García Lorca, Tolstoi y Papini; esos clásicos donde, en palabras de Úsuga, está la esencia del pensamiento humano.