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Era un viernes en la noche, normalmente nadie se quedaría hasta tales horas y un día como ese en la biblioteca, pero la agonía de un quiz provoca semejantes sacrificios.
Teniendo en cuenta la premura del asunto, y el poco tiempo que tenía, llegué a ensimismarme de tal modo, que en el momento menos esperado ya no había nadie más en esa sala; excepto por un bibliotecario, que aparecía de entre los estantes de manera inesperada, salía de todos lados.
Esa fría noche sucedió algo que habría de recordar durante mucho tiempo. Hubo un momento en el cual me levanté de la mesa para buscar un tajalápiz, de esos que siempre hay en las bibliotecas más antiguas; juraría que al final de ese pasillo encontraría uno, pero extrañamente había una amplia mesa como dispuesta para soportar algo, o a alguien.
Mientras daba la forma más puntiaguda posible a mi lápiz, algo en lo que uno va volviéndose obsesivo, mis manos se helaron y el corazón estaba a mil, ¡alguien había tocado mi hombro!
El hombre que hace un momento había visto, ahora lucía mucho más pálido, seguramente estaba muy cansado ya finalizando la semana. Él me decía algo que yo no comprendía muy bien, era como si estuviera muy distante y no pudiera escucharlo estando a dos pasos de mí, pero se refería al cierre de la biblioteca; la hora de irme se acercaba.
De nuevo con mis libros y apuntes, una de las hojas sueltas llamó mi atención, en ella había una nota que decía: Estoy junto al pasillo de la entrada, te espero. Yo imaginé que uno de mis amigos había llegado hasta allí y al no encontrarme dejó la nota. Con plena confianza decidí ir hasta allí. Para acortar camino, pasé por entre los estantes de literatura y algo llamó mi atención del otro lado, una sustancia, un poco viscosa, se esparcía por el piso, giré un poco y comprobé que era sangre. Definitivamente algo extraño sucedía en la biblioteca. En medio de mi confusión corrí escalas abajo desde el tercer nivel, dejando todo atrás. Mientras corría, el bibliotecario atravesaba el segundo nivel, transportando una pesada caja y logré ver sobre ella todos mis libros y apuntes y él me esbozó una mueca de sonrisa.